jueves 26 de marzo de 2009

EL CUENTO EN ESPINOSA

Se está llevando a cabo en este momento, patrocinado por RCN y el gobierno colombiano, un CONCURSO DE CUENTO EN HOMENAJE A GERMÁN ESPINOSA(http://www.mineducacion.gov.co/1621/article-183962.html)


Lo celebramos, aunque sea póstumo el reconocimiento como siempre se acostumbra. No nos desagrada el concurso en sí. Antes queremos que con eso se invite más a leer y gozar de sus cuentos.


Hay dos ediciones que los recogen todos: CUENTOS COMPLETOS (EAFIT, 2004 - ALFAGUARA, 2007)


Una de las primeras colecciones se titula "Los doce infiernos". El titulado “Fábula del pescador y la sirena” nos deleita ante la invención en el golfo Morrosquillo de un mito popular, según el cual el mar vengativo enloquece de amor a un apuesto pescador por una sirena suntuosa que no es más que... averigüen. Las descripciones alcanzan altos niveles de nitidez.


Otros cuentos, si recurren al terror, no explotan el miedo sino la inteligencia de las paradojas, de
las ironías.


Al practicar el relativismo, Espinosa se convirtió en un destructor de mundos ilusorios a los cuales se cuidaba de engalanar para hacer más aparatosa su destrucción.


"Romanza para murciélagos" (1999) es, para mí, su mejor cuento. Espinosa, allí, volvió a alimentarse de contenidos fantasmagórico y heterodoxos construyendo protagonistas-narradores de psicologías sumamente trabajadas.

sábado 27 de diciembre de 2008

NUEVA TESIS SOBRE GERMÁN ESPINOSA

"Googleando" de vez en cuando al maestro Germán Espinosa, me acabo de encontrar con en el enlace a una nueva tesis sobre su obra. La ha preparado un estudiante de Literatura Comparada de la Universidad Autónoma de Barcelona, Manuel Enrique Silva Rodríguez. En ella, se ha centrado en varias novelas del maestro Espinosa, con miras a proyectar la visión genuina que sobre la hstoria, la religión, la ciencia y el universo arrojó el maestro colombiano. Citemos el resumen de la tesis de Silva Rodríguez y enlacemos la página donde se puede leer de forma completa su interesante tesis.

LAS NOVELAS HISTÓRICAS DE GERMÁN ESPINOSA

Por Manuel Enrique Silva Rodríguez (http://www.tesisenxarxa.net/TDX-1120108-161332/)

"El propósito fundamental de la investigación es analizar las novelas históricas del escritor Germán Espinosa (1938-2007), el autor colombiano que más cultivó la novela histórica en el último tercio del siglo XX, para apreciar cómo se da en ellas la unión entre la ficción y la historia. Esto es, formulando un estudio general de las obras se hace énfasis en cuestiones como cuáles momentos del pasado se constituyen en materia de la escritura, cómo es tratada la historia en la ficción, cuáles funciones desempeña la historia en las novelas, cuáles materiales históricos son incorporados a la ficción y si varían o no en relación con la versión histórica.
El corpus estudiado lo integran las novelas Los cortejos del diablo. Balada de tiempos de brujas (1970), La tejedora de coronas (1982), El signo del pez (1987), Sinfonía desde el Nuevo Mundo (1990) y Los ojos del basilisco (1992).
La tesis consta de nueve capítulos. El capítulo uno sitúa dentro de su generación al escritor, anota algunas características de su producción y destaca los valores que su creación literaria posee dentro de la tradición nacional.
Los capítulos dos y tres establecen el contexto teórico, histórico y pragmático para fijar el corpus y aportan los conceptos e instrumentos necesarios para abordar su análisis. El capítulo dos define la noción de historia y la particularidad de la historia al constituirse a través del discurso escrito. Igualmente, analiza las relaciones históricas que la historia y la ficción han mantenido y los factores que marcan la distinción entre ambas. El capítulo tres está dedicado a la novela histórica. En él se señalan el origen de este subgénero, su peculiaridad, sus avatares desde el siglo XIX hasta la posmodernidad, su tradición en Hispanoamérica y Colombia, la visión de Espinosa sobre el subgénero y los nexos, fronteras y límites de la novela histórica con la escritura de la historia y con otros géneros que de algún modo tienen vínculos con la historia.
Los capítulos del cuatro al ocho desarrollan el análisis del corpus. El estudio de las novelas combina un análisis formal y temático. En los distintos capítulos se analizan aspectos como trama, historia, temporalidad, espacio, personajes, motivos, temática y se comentan el lenguaje y los recursos retóricos de los textos. Cada análisis mantiene como horizonte la relación entre la ficción y el material histórico. Por último, se propone una interpretación de cada novela, en la cual se aprecian rasgos y aspectos semánticos relevantes y posibles interrelaciones de las obras con el contexto histórico.
El capítulo nueve sistematiza las conclusiones parciales de los análisis de cada obra de Espinosa. El capítulo aporta un balance sobre las cualidades de las novelas, señala las principales características de las relaciones que esta narrativa histórica sostiene con la historia y consigna un juicio crítico sobre las novelas"


Puede leer la tesis completa en http://www.tesisenxarxa.net/TESIS_UAB/AVAILABLE/TDX-1120108-161332//mesr1de1.pdf

viernes 17 de octubre de 2008

CONVERSACIONES DE ULTRATUMBA CON GERMÁN ESPINOSA

Cuando el diablo quiso volver al orden, al séquito de los ángeles sagrados, Dios se negó con desprecio. ¡No, no, no! Al retirarme de su despacho, andando el corredor, medité que lo bueno siempre necesita de lo malo. Dios sostiene al diablo y a menudo lo apoya en sus fechorías; a veces - cuentan en los pasillos - los han visto almorzar juntos. Así que no te inclines mucho por ninguno de los dos; cuídate de los fanatismos. Ven y salgamos a fumar al llano helado... Sabes, laboro como escribiente del palacio convexo al jardín real. Nunca despunta el día: vivimos en la noche que jamás se termina (¡oh de Greiff!) pero a veces el fulgor lejano del planeta azulea mi oficio.

A lo que juegan los humanos dentro de ese punto azul pálido - sus amores, sus odios - no es otra cosa que al poema soñado por Lucifer. Dos secciones se disputan la continuidad de tal poema, saturándolo de esperpento y pesadilla; los poetas árabes de "Las Mil y una noches" juegan al azar: ponen a que la muerte asuste a los mercaderes de Libia, que huyendo de ella terminan por cumplir con su cita en el denso frío de Frankfurt o de Friburgo. Alá, entre tanto, bebe vino con Omar Khayyam en el palacio que se le evaporó a Darío: si prohíbe el alcohol entre su pueblo es porque está un poco borracho. Y tú, no pretendas huir de la mujer rebosante de erotismo: sus senos, sus caderas te asaltaran en la fachada de una esquina... Ella te inunda, te baña, te moja, te lubrica, te estrangula como el río Sena a París.

París, París... Con Josefina - nuestro reencuentro no te niego que ha sido raro - solemos divertirnos a andar de noche y conversar, en lengua occitana o en castellano ladino, con las estatuas y las gárgolas; la notas de Debussy o de Satie (en la muerte la música no es ya tiempo sino espacio) se confunden con los diablos de las iglesias góticas, que bailan, soplan, hierven y se disparan en falos y formas sexuales deliciosas. En el Museo Británico (por fin he conocido Londres: ese laberinto roto) engendran un maremagnum erótico con las mujeres hindúes del Kama Sutra. Mestizaje, mi querido amigo: no olvides que no dejo de ser caribeño, latino-americano. A veces visito a Borges (Kafka pasa a lo lejos) que vive reunido con sabios chinos para descifrar un laberino en el mar rojo. Varias veces el paralaje de Venus nos ha sorprendido. La sensación de estar muerto - cuesta acostumbrarse - se parece a del permanente poniente: frágil momento en que todo se concentra para el olvido de la luz. De la muerte, de la muerte, qué te digo... En la primera parte de "La montaña mágica" ("Der Zauberberg"), Thomas Mann comenta que la muerte es un leve tránsito. Lo hemos discutido bastante; tal vez sea un leve retorno de ese viaje semi-constante, que otros llaman la vida.
http://www.maestroespinosa.blogspot.com/
SPB

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jueves 16 de octubre de 2008

REPONSO A GERMAN ESPINOSA

REPONSO A VERLAINE

Ruben Dario

Padre y maestro mágico, liróforo celeste
que al instrumento olímpico y a la siringa agreste
diste tu acento encantador;
¡Panida! Pan tú mismo, con coros condujiste
hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste,
¡al son del sistro y del tambor!

Que tu sepulcro cubra de flores Primavera,
que se humedezca el áspero hocico de la fiera
de amor si pasa por allí;
que el fúnebre recinto visite Pan bicorne;
que de sangrientas rosas el fresco abril te adorne
y de claveles de rubí.

Que si posarse quiere sobre la tumba el cuervo,
ahuyenten la negrura del pájaro protervo
el dulce canto de cristal
que Filomela vierta sobre tus tristes huesos,
o la armonía dulce de risas y de besos
de culto oculto y florestal.

Que púberes canéforas te ofrenden el acanto,
que sobre tu sepulcro no se derrame el llanto,
sino rocío, vino, miel:
que el pámpano allí brote, las flores de Citeres,
¡y que se escuchen vagos suspiros de mujeres
bajo un simbólico laurel!

Que si un pastor su pífano bajo el frescor del haya,
en amorosos días, como en Virgilio, ensaya,
tu nombre ponga en la canción;
y que la virgen náyade, cuando ese nombre escuche
con ansias y temores entre las linfas luche,
llena de miedo y de pasión.


De noche, en la montaña, en la negra montaña
de las Visiones, pase gigante sombra extraña,
sombra de un Sátiro espectral;
que ella al centauro adusto con su grandeza asuste;
de una extrahumana flauta la melodía ajuste
a la armonía sideral.

Y huya el tropel equino por la montaña vasta;
tu rostro de ultratumba bañe la Luna casta
de compasiva y blanca luz;
y el Sátiro contemple sobre un lejano monte
una cruz que se eleve cubriendo el horizonte
¡y un resplandor sobre la cruz!





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UNA OBRA PÓSTUMA DEL MAESTRO GERMÁN ESPINOSA

Herejías y ortodoxias es un libro de ensayos inédito que editorial Taurus publica como homenaje a una de las plumas más sobresalientes de la literatura colombiana en el primer aniversario de su muerte. Los lectores encontrarán, según el propio Espinosa, reflexiones “sin mayor ordenamiento ni unidad”, “libres de estructuras tiránicas”, sobre la fantasía, la realidad, el patriotismo, el amor, la muerte, el esoterismo, las formas del dolor y los calvarios de un escritor, entre otros temas.

Una obra inundada de melancólica resignación que contiene la visión que, al final de sus días, tenía el maestro del hombre y del universo.

Presentación del libro este jueves 16 de octubre a las 7.00 p.m. en la Librería del Fondo de Cultura Económica. Centro Cultural Gabriel García Márquez. Calle 11 No. 5 - 60. Con la participación del escritor Fernando Toledo y del crítico Juan Carlos Osorio.

Bogotá, octubre de 2008.- El maestro Germán Espinosa, una de las figuras literarias más importantes de Colombia, también llamado “el Gabo sin Nobel”, falleció el 17 de octubre del año pasado, afectado por una neumonía.

Cuentista, novelista, ensayista y poeta, nació en Cartagena de Indias en 1938 y publicó a los quince años su primer libro, un poemario titulado Letanías del crepúsculo. Se desempeñó por largos años como periodista. En 1970 apareció en Montevideo y en Caracas su novela Los cortejos del diablo, pronto traducida al italiano y elogiada por escritores famosos como Mario Luzi y Mario Vargas Llosa. Retirado del periodismo en 1975, ocupó cargos diplomáticos en Nairobi y en Belgrado.

Al publicar en 1982 su novela La tejedora de coronas —elegida diez años después «obra representativa de las letras humanas» por la Unesco — su prestigio se extendió y le permitió ser traducido también al francés, al alemán, al inglés, al chino y al coreano. Doctor honoris causa de varias universidades, fue catedrático de literatura y ética en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. En 1999 la revista Semana escogió su novela La tejedora de coronas como la segunda mejor de los últimos 25 años, después de El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez; cuatro años más tarde incluyó a Espinosa entre los sesenta personajes más destacados en la Historia de su país. Por votación del público lector, obtuvo en el 2002 el Premio Nacional de Literatura otorgado por la revista Libros & Letras.

Su éxito en lengua francesa, al ser elogiado entre muchos otros por Alain Bosquet y por Bernard Pivot, determinó al Ministerio de la Cultura de Francia a hacerlo en el 2004 caballero de la Orden de las Artes y de las Letras, distinción reservada a los grandes creadores artísticos del mundo.

Herejías y ortodoxias es un libro de ensayos inédito que editorial Taurus publica como homenaje a una de las plumas más sobresalientes de la literatura colombiana en el primer aniversario de su muerte. Los lectores encontrarán en esta obra póstuma reflexiones sobre la fantasía, la realidad, el patriotismo, el amor, la muerte, el esoterismo, las formas del dolor y los calvarios de un escritor, entre otros temas.

En palabras del maestro Espinosa: “Escribir un libro de francas reflexiones, o de temas traídos por las solas mareas del azar, ¿no es proyecto que el escritor acaricia desde los albores de su carrera? ¿Y que, acaso, se encuentra en el deber ético de dar a luz algún día? La seducción inherente a ese proyecto deriva, me parece, de constituir, dentro del orbe general de nuestra obra, algo libre de estructuras tiránicas como ésas que rigen, por ejemplo, la novela, en la cual cada detalle, por nimio que sea, debe ser contrabalanceado de algún modo andando la escritura; en la cual es preciso cuidar en extremo cada gesto, cada expresión de los personajes. El de reflexiones, el de temas libres aspira a ser, por el contrario, un mero cuaderno de apuntes, sin mayor ordenamiento ni unidad, bueno para ir vertiendo o depositando ideas que surgen al azar de las lentas horas y de las cavilaciones”.

Herejías y ortodoxias está inundada de una melancólica resignación que contiene la visión que, al final de sus días, tenía el maestro del hombre y del universo. Refleja, por supuesto, “el infierno” que para Espinosa supuso la ausencia de su esposa Josefina y “el arresto que me ha costado ir viviendo una vida sin ella”.

“Alguna vez escribí que constituíamos la suma de nuestros instantes felices. Ahora sé que no hay tales instantes, pues cuando somos en verdad felices, ignoramos que lo somos. La felicidad no es nunca consciente y, más bien, podría tender a parecerse al aburrimiento: algo sin sobresaltos y, en lo posible, sin historia”, dice.

Germán Espinosa publicó cerca de cuarenta libros en los géneros de novela, cuento, poesía, ensayo y biografía, entre ellos, El signo del pez, La balada del pajarillo, La aventura del lenguaje, Cuando besan las sombras y Aitana, su última novela, presentada este año en la veinteava versión de la Feria del libro de Bogotá. Alfaguara también publicó el año pasado, días antes de su deceso, una nueva edición de sus Cuentos completos, que reúne 75 piezas en la que predominan lo fantástico y lo psicológico, a menudo cernidos por un velo delicado de humor. Una combinación que sólo su genialidad y su pluma pudieron lograr en nuestra literatura.

Giuseppe Caputo
Coordinador de Comunicaciones y Mercadeo
Alfaguara, Aguilar, Taurus, Suma, Punto de Lectura
Calle 80 # 10-23
Bogotá-Colombia
Tel: 571-639 6000 Ext. 1236





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ANIVERSARIO DE DOS MUERTES. GERMAN Y JOSEFINA

Por Álvaro Bustos González

    Hoy hace tres años que murió Josefina de un infarto fulminante. Había sido fumadora extrema. Germán, la noche de su deceso, rodeado de sus hijos y de unos amigos entrañables, profirió: “No necesito que me consuelen; yo necesito que me acompañen a morir, porque hoy también me morí yo. Esto que ven es una sombra, un fantasma que de ahora en adelante se ahogará en licor”. Antier hizo un año que Germán murió, como se lo propuso, para reunirse en un lugar extraterreno con su amada Josefina. El cáncer de la lengua, producto también del cigarrillo, le había hecho estragos. Una neumonía intrusa, ajena al deseo del escritor de entregar su despojo el mismo día que lo había hecho su mujer, se adelantó dos días al designio de su luctuoso amor. Por unas horas no se cumplió el anhelo del amante agónico de viajar al mundo de las sombras un 19 de octubre, día convenido por el destino, según él lo creía, para el reencuentro definitivo en el más allá con la razón de ser de su vida y de su muerte, Josefina, la pintora que lo había acompañado con fervor y admiración por entre el bosque de indiferencias que marcó su trasiego literario.

    La obra de Germán Espinosa surgió de su propia existencia. Si escribió novelas históricas, llenas de erudición, se debió a que él fue un viajero pertinaz y un hombre de vasta cultura. Genoveva Alcocer es él, del mismo modo que Madame Bovary fue Gustave Flaubert, su autor y creador. Germán no fue un científico ni un filósofo, pero adquirió una profunda educación en ciencias, de modo que la andadura intelectual de Genoveva, la tejedora de coronas, al lado de los más influyentes pensadores y descubridores del Siglo de la Luces, reflejan el inabarcable interés que tuvo Germán por diversas disciplinas del conocimiento, pero en especial por la historia de Francia y su gran influencia cultural durante el Siglo 18. Si se sumergió, en La balada del pajarillo, en los horrores del alcoholismo y la celotipia fue porque conoció de cerca los estados alterados, alucinatorios, a que llevan los excesos en la bebida y en el amor. Si recreó la época de la Santa Inquisición en Los cortejos del diablo fue porque quiso a su ciudad natal y conoció de cerca sus mitos y leyendas, los aquelarres de sus brujas y el temor de los habitantes de tiempos de la colonia a los dictámenes de la Iglesia, a la que hacían caso sin perder de vista que los personeros del Santo Oficio, humanos al fin y al cabo, también cometían actos de lujuria y sensualidad. Si buceó en los orígenes del cristianismo en El signo del pez y supuso una extraña consubstanciación entre Paulo de Tarso y Jesucristo, y si vio en ellos por momentos a una misma persona, fue porque reconoció las influencias del paganismo y de la filosofía griega en la nueva Religión. Si exploró en Cuando besan las sombras el ámbito de lo sobrenatural y la probabilidad de la migración atávica del alma, entendida ésta como la parte invisible de la biología, no lo hizo de manera ignara o fanática; su aproximación a estos temas, recurrentes en sus inquietudes cotidianas y en su literatura, se daba de forma documentada, lejos de la vana superstición. Y si al final de sus días escribió Aitana con el desgarramiento de un ser que se sabía relegado por la mezquindad o por la envidia, lo hizo porque albergaba resentimientos, apenas entendibles en un hombre que había hecho del arte literario la esencia de su vida, y que construyó a su través una obra invaluable, recia y sugerente, sin concesiones a la liviandad de la fama, con el más puro y rico castellano de la modernidad, sólo comparable al de don Alfonso Reyes o al de Manuel Mujica Laínez.

    Con inconsciente profusión se pretende explicar la frialdad que se diseminó alrededor de Germán Espinosa por el hecho de que la publicación de sus obras mayores convergió con el vendaval de popularidad de Gabriel García Márquez. La coincidencia de Cien años de soledad (1967) con Los cortejos del diablo (1970), por ejemplo, y la sincronía de La tejedora de coronas (1982) con el premio Nobel (1982), hacen pensar que un duende le jugaba malas pasadas a Espinosa. Yo no lo veo así. Me da la impresión de que Germán, precisamente, se sentía acicateado por García Márquez, y eso lo llevaba a demostrase a sí mismo que él también era capaz. Es notoria la relación temporal entre Vivir para contarla (2002) y La verdad sea dicha (2003), las memorias de ambos. Tengo para mi coleto, sin embargo, que Germán murió con algún reconcomio frente a la persona de García Márquez, no ante su lauro universal. Cuando le pregunté el por qué de su renuncia a pronunciar el discurso de clausura del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, que se realizó en Cartagena de Indias en 2007, me respondió dos cosas: una, porque el evento lo habían convertido en un nuevo homenaje a García Márquez, lo cual resultó cierto; dos, porque “ese tipo cada vez que me ve no pierde la oportunidad de ridiculizarme, y yo no estoy para aguantar ese tipo de cosas”. A los organizadores, no obstante, les pidió que lo disculparan puesto que ya se sentía muy enfermo.

Fue, a mi juicio, una coartada para preservar su dignidad.




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miércoles 4 de junio de 2008

ESPINOSA Y SUS DEMONIOS: Influencia de Sábato












Aun en su cama de enfermo terminal, Espinosa amontonó libros para documentarse en la que hubiera sido su última novela, concerniente a los nazis en Suramérica. El personaje sería un joven que por extrañas circunstancias se ve enganchado en el aparato de terror del nazismo, sin que en ningún momento comulgue con esa doctrina…

Cuando las fuerzas lo abandonaron para semejante empresa, al menos se erguía sobre el espaldar de la cama y, pálido, trazaba algunas notas en el laptop que le había facilitado su nuera. “Estoy escribiendo pequeños ensayos o reflexiones que me acuden en estas horas de profunda aflicción. Quieren ser algo parecido a las notas de Sábato en El escritor y sus fantasmas. Pero no sé si valgan la pena publicarse por lo deprimentes, sobre todo para los jóvenes. No sabes a estas alturas de mi vida los pensamientos desoladores que me visitan”. Al cabo de contarme aquello, un poco más relajado, encendía el televisor y me pedía atención para escuchar boleros de Buena Vista Social Club, en una grabación en blanco y negro de La Habana de los años cincuenta. “¡Ah! Si no fuera por mi espíritu caribeño…”, nos decía sonriente un año antes bailando “La vida es un carnaval” y “Dos gardenias” en la sala de su apartamento, alguna medianoche de whiskys y amigos que mitigaban la reciente muerte de su esposa.

El día en que ella falleció, el joven escritor Johann Rodríguez-Bravo, que inexplicablemente moriría dos meses después con apenas 25 años, registró lo siguiente en su diario todavía inédito.

Octubre 19 de 2005. Miércoles.

“A las diez de la noche me llamó (Germán Espinosa), sonaba tranquilo, como si nada hubiera pasado: “Adivina qué, Johann”, me dijo. Yo supuse que se había ganado un premio muy importante y me emocioné: “¿Qué pasó, maestro?”. “Johann, se murió Josefina esta tarde”, terminó por decir. De inmediato me fui a su casa y lo acompañé mientras él deliraba con dos botellas de Scotch. “Esto es una carajada de Dios. Dios es un jodido que me dejó vivir para que presenciara esto. A Dios le gusta demostrar que es omnipotente. Qué cosa tan horrorosa. Yo debí morir en diciembre pasado”, me dijo tan pronto me vio entrar por su puerta. “No necesito que me consuelen —y señaló a sus hijos—; yo necesito que me acompañen a morir; porque hoy también me morí yo. Esto que ven es una sombra, una fantasma que de ahora en adelante se ahogará en licor”. El maestro pasó toda la noche diciendo que con la muerte de Josefina, el Germán Espinosa que conocíamos también había muerto; que no tenía más alternativa que morir, dejarse morir. Me conmovió, sobremodo, que me dijera que yo era uno de sus buenos amigos y que necesitaba mi compañía para poder morir dignamente. “Mi suicidio será lento, pero efectivo”.

La bofetada de Dios, de ese dios espinosiano más cercano al capricho y a la maldad que al orden y la justicia, terminó por despachar a los pocos días a su gran amigo R.H. Moreno-Durán y de un zarpazo nos arrebató a Johann; unos días antes ya había fulminado de un infarto a su amigo de la infancia el jurista Nicolás Salom, experto en derecho del mar. Espinosa, que había vivido bajo presiones suicidas y ante el peligro de la aniquilación y de la soledad, llegó aquella vez a los límites últimos de su existencia. Ya sus novelas profetizaban esas situaciones extremas y excepcionales. De ahí sus protagonistas paranoicos: el inquisidor Juan de Mañozga en Los cortejos del diablo (1970) se siente perseguido por los demonios de su propio infierno; Genoveva Alcocer zigzaguea por el mundo entre los cañones de los piratas y los monstruos del racionalismo enciclopedista en busca de la esencia divina; sobre Braulio Cendales en La balada del pajarillo (2000) se desliza algún demonio agazapado que distorsiona su visión del mundo; el mismo Espinosa en Aitana (2007) precisamente acusa a un brujo negro de provocar esta brutal bofetada de Dios. Aquí el escritor se vuelve un psicópata capaz de hacerse plenamente consciente de su psicopatía. No es como el político que nunca cae en la cuenta de vivir enloquecido por el poder. Mientras el novelista percibe el mundo directamente, el político lo admite como él quiera que sea o cómo se lo dejen ver su camarilla de servidores, aun más retorcidos. Por eso la novela seguirá reflejando mejor al mundo que los noticieros y los periódicos, todos por lo demás politizados.


¿Fue Espinosa un creyente rencoroso con su Creador? No. Sólo que a él, como a Sábato, lo asedió la malignidad del universo. Bañado en la poesía diabólica de Baudelaire, sus personajes prefieren lanzar letanías a Lucifer que al Creador todopoderoso. Y aunque el Diablo preferiría que no creyéramos en él, Espinosa aspiró a comprenderlo de alguna manera, porque si bien el universo es obra de Dios, está detentado por este Ángel Adversario. En todas partes está Lucifer.








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